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Reseñas literarias: El libro de las ilusiones, de Paul Auster
 
 
Reseña escrita por: Carlos Sobrino
Editado por: Anagrama
Fecha: 2004-04-20

Los seguidores de Paul Auster —y deben ser muchos, a juzgar por las cifras de ventas de sus publicaciones— pueden estar de enhorabuena. Después de guiones cinematográficos, recopilaciones de relatos, ensayos y alguna novela que no alcanzó el tono vital de sus más celebradas historias, lo último que ha publicado, El libro de las ilusiones, es una vuelta a sus temas —más bien obsesiones— de siempre, con un tratamiento que de seguro va a gustar a sus incondicionales, pues Auster vuelve por sus fueros con toda la artillería pesada de sus mejores trucos para encandilar al lector.

Ya desde el mismo título, Auster juega con la ambigüedad de significados de la palabra ilusiones, que en la novela tiene más que ver con la acepción de concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos, —es decir, de algo que no existe, un espejismo o una percepción falsa de la realidad—, que de esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo, en las acepciones del diccionario de la RAE —para cuándo el premio Nobel para los redactores de tan claras definiciones. Y es que Auster trata en su última novela de uno de sus temas más queridos: el cine, la mayor ilusión de realidad que ha inventado el ser humano.

El libro de las ilusiones cuenta la historia de David Zimmer y de Hector Mann, en un juego de paralelismos típico de los universos austerianos. (Por cierto, Zimmer-Mann, ¿un guiño homenaje del autor para con Bob Dylan?). Zimmer, un personaje que ya apareció brevemente en El palacio de la luna, una de las mejores novelas de Auster, es profesor de literatura comparada en una universidad de Vermont. La víspera de su décimo aniversario de boda, pierde a su mujer y a sus dos hijos en un accidente aéreo, en un vuelo que el mismo aconsejó tomar como más seguro.

De nuevo el recurso de la pérdida de coordenadas. Auster, como ya hizo en otras de sus historias, saca de forma violenta a un personaje de su vida normal, rutinaria, despojándolo de todo lo que constituía la base sobre la que se sustentaba su anodina existencia. El personaje ve como toda la seguridad en la que vivía se desmorona, pierde el norte y se hunde en una espiral de abandono y autodestrucción. "Durante varios meses, viví en una niebla alcohólica de dolor y lástima de mí mismo, rara vez moviéndome de casa, apenas molestándome en comer, afeitarme o cambiarme de ropa" (pág. 15).

Hasta que algo fortuito —el azar, siempre el azar, omnipresente en todas las historias de Auster— le saca del abismo y hace que su vida cobre sentido otra vez. Zimmer ve en la televisión un fragmento de una película muda protagonizada por Hector Mann. "...y me hizo reír [...] Eso quizá no parezca importante, pero era la primera vez que me reía de algo desde junio, y cuando noté que aquel inesperado espasmo me subía por el pecho y cascabeleaba en mis pulmones, comprendí que aún no había tocado fondo, que en cierto modo todavía deseaba seguir viviendo" (pág. 17). Zimmer lo interpreta como una señal del destino para que vuelva al mundo de los vivos. A partir de ese momento comienza a investigar sobre la vida de Mann, actor y director de la época del cine mudo que desapareció misteriosamente en 1929. "Todo el mundo creía que estaba muerto. Cuando se publicó mi libro sobre sus películas, en 1988, hacía casi sesenta años que no se tenían noticias de Hector Mann. Salvo un puñado de historiadores y aficionados al cine mudo, pocos parecían conocer siquiera su existencia. Doble o nada, la última de las doce comedias breves que realizó a finales de la época muda, se estrenó el 23 de noviembre de 1928. Dos meses después, sin despedirse de amigos ni conocidos, sin dejar una nota ni informar a nadie de sus planes, salió de la casa que tenía alquilada en North Orange Drive y no se le volvió a ver más." (pág. 1). Zimmer visita durante un año archivos y filmotecas, tanto en Estados Unidos como en Europa, visionando las doce películas que se conservan de Hector Mann, algunas de ellas remitidas de forma enigmática muchos años después de su desaparición, y escribe El silencioso mundo de Hector Mann. "Mi libro había nacido de una gran pesadumbre, y aunque ahora todo había quedado atrás, el dolor no había desaparecido. Escribir sobre la comedia no había sido más que un pretexto, una especie de extraña medicina que me tragué todos los días durante más de un año para ver si por casualidad aliviaba el padecimiento que me consumía. En cierto modo, así fue." (pág. 13).

Al poco tiempo de publicar el libro, Zimmer recibe una misteriosa carta desde Tierra del sueño, Nuevo Méjico, de la que dice ser la esposa de Mann. En ella afirma que su marido sigue vivo y le invita a visitarlos. Escéptico, Zimmer se verá compelido a viajar al rancho de los Mann por un personaje femenino de significativo nombre, Alma —en español en el original— que le relatará la historia de Hector en el viaje hacía Tierra del sueño —también en español en el original—, dando lugar a una tierna historia de amor. "Cuando Alma Grund sacó el revolver y me apuntó al pecho, llegué a sentir menos miedo que fascinación." (pág. 121). Este personaje femenino es el menos logrado de la novela y su aparición hace pensar en el famoso consejo de Raymond Chandler, quien decía que cuando un escritor se bloquee debería hacer que apareciera por la puerta un hombre con una pistola. Auster sigue casi al pie de la letra el consejo de Chandler y hace aparecer por la puerta de Zimmer a Alma Grund con una pistola.

Los paralelismos están muy claros. Las vidas de Zimmer y Mann se reflejan mutuamente, como en un juego de espejos infinito. Ambos han caído en lo más hondo y han resurgido a la vida otra vez; Zimmer perdió a sus hijos en un accidente de aviación, Mann al suyo por la picadura de una avispa; los dos arrastran asfixiantes sentimiento de culpabilidad y buscan la redención a través del arte. Auster utiliza una estructura ya tradicional en sus novelas, la de historias dentro de otras historias. Así, tenemos que Auster narra a Zimmer, que narra a Mann, que narra a Frost narrando su historia.

Entre lo mejor del libro está el personaje de Hector Mann. La descripción de su carácter. "Entregará la última moneda que le quede a un mendigo de la calle, pero no le moverá tanto la caridad o la compasión como la poesía del acto mismo. [...] Parece vivir en un estado de irónico desconcierto, participando en el mundo al tiempo que lo observa desde muy lejos." (pág. 44), y en especial, el realismo de las precisas descripciones que hace Auster de las películas que realizó Mann, crean un personaje inolvidable, más real que muchos actores que hayan existido de verdad. También es soberbio el arranque del capítulo 2. El autor maneja la pluma como una cámara cinematográfica que en un zoom nos acerca el rostro del personaje y nos muestra uno de sus elementos más característicos: "El bigote —filamento agitado de ansiedades, comba de saltos metafísicos, trémula hebra de azoramiento— es el sismógrafo de los estados de ánimo de Hector" (pág. 38). Otra parte a destadcar es la descripción de una de las películas que Man realizó en Nuevo Mejico, La vida interior de Martin Frost, una fascinante historia entre un escritor y su personaje. Me parece otro acierto el prólogo del libro, una cita de Chateaubriand: "El hombre no tiene una sola y única vida, sino muchas, enlazadas unas con otras, y ésa es la causa de su desgracia", magnífico resumen de la novela y que ilumina todas sus páginas.

Entre lo peor: diálogos que a veces resultan un poco forzados y abuso de la influencia del azar. También se le ven los andamiajes, pero esto es algo que parece estar de moda en estos tiempos. Si ya se han leído otras novelas de Paul Auster, poco hay que añadir, salvo que es más de lo mismo, pero de lo bueno. El libro de las ilusiones está emparentada con Leviatány El palacio de la luna, dos de sus mejores novelas. Si no se ha leído nada de él, mi recomendación es empezar por la Trilogía de Nueva York y las dos que acabo de mencionar, todas editadas en bolsillo, y esperar a que El libro de las ilusiones lo saquen en edición barata.


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