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Imaginen que el sol del atardecer cae como una moneda en una hucha. Piensen en una cuestión irresoluble, tan complicada que sería como confiar a Miss Oregon que termine con el hambre en el mundo. Pues bien, no imaginen. Ni piensen. David Leavitt ya lo hace por ustedes. Y lo hace muy bien: en cuentos. Cuentos en los que un escritor maduro hace trabajos académicos a universitarios a cambio de favores sexuales. O bien reparte comida a domicilio a enfermos terminales de sida. Historias extravagantes a veces, intimistas, otras, pero siempre memorables, donde, como en la vida, el drama y la comedia caminan juntos.
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