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No hay diálogo, ni apenas puntos aparte. Ni seguidos. La historia se desarrolla dentro del escenario más aburrido que se pueda imaginar (el Registro Civil). El protagonista de la aventura es un hombrecillo gris: el registrador. Y está contada con una prosa tan sencilla que lee como si respirases y, como si fuese aire, tienes que llevarte el libro contigo a todas partes hasta que lo terminas. Entonces te das cuenta de que has dado con uno de esos títulos que te encuentras una vez o ninguna en años. Descrubres que el Registro es el escenario perfecto para una historia de amor y que detrás de cada hombrecillo gris puede haber un ser humano excepcional. Y vuelves a empezar.
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