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Quien conozca a Julián Marías por sus artículos de opinión seguro que se les aparece como un misógino gruñón que desde su cómodo parapeto dispara contra todo que ose molestarlo. O puede que no, pero esa no es la cuestión.
Por generación y por obra, se suele compararle con Pérez Reverte, capataz de aventuras y novelas de acción que al poco se llevan al cine. A veces históricas pero siempre relatos de hazañas, siempre se destaca por la presencia de un héroe. Por contra, Marías es un autor mucho más opaco y oscuro, cerebral e introspectivo. Sus novelas destilan siempre un poso de reflexión filosófica que misteriosamente se hermanan con sus otras obras.
En los dos primeros tomos de los que dispongo, se ordenan las "aventuras" de Jacques Deza, hombre cuya función es saber lo que hará alguien el día de mañana, de lo que será capaz. Ojo, la acción directa es mínima. Pero poca, poca. Poca de verdad: los contínuos flashbacks pueden descolocar bastante, pero con la suficiente paciencia acabas dejándote atrapar por la compleja red de ruedas dentadas de las palabras impresas.
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