|
Todo aquel que haya abierto un libro de Javier Marías habrá notado, a las pocas páginas, que la escritura de este autor diferente requiere también un lector diferente, pues éste no encontrará algo a lo que esté acostumbrado a leer en las publicaciones de hoy en día (mucho menos en las novelas), sino un texto que requerirá su atención, que sea un lector realmente activo, que deberá atar cabos y posiblemente se verá atrapado por la historia desde el primer momento, como un partícipe más. Un texto, que, por decirlo de alguna manera, "va más allá".
Siempre me ha parecido que la novela de Marías era una mezcla: una mezcla de novela y ensayo, donde gana la batalla el primer tipo de escritura, pero dejando un amplio lugar en ella al ensayo, con cierto matiz psicológico.
Entre sus novelas, quizás las de madurez son las que han recibido mayor atención, críticas y valoración. Basta citar títulos como "Corazón tan blanco", "Mañana en la batalla piensa en mí", "Todas las almas", o su último trabajo, la trilogía "Tu rostro mañana" que va ya por la segunda entrega: "Baile y Sueño"... Cualquiera de ellas es excelente, algunas rozan la perfección.
Pero antes de todas ellas, he querido resaltar "El siglo", publicada en 1983 (el mismo año en que nació quien esto escribe, por lo tanto lectora bastante tardía respecto a la fecha de aparición), Javier Marías tenía entonces sólo 32 años (lo que, al leer la novela, parece difícil de creer).
Esta novela es la historia de un hombre que, en sus primeras páginas nos introduce ya las pocas esperanzas de futuro: afirma que ya agoniza. Sentado frente a un lago, hará una retrospectiva magnífica gracias a la cual conoceremos la historia de su vida. Veremos (o leeremos) cómo en su juventud el protagonista, Casaldáliga, buscó crearse un destino "nítido e inconfundible" y el transcurso de su vida fue cambiando ese destino hasta convertirle en delator.
El destino es el tema central en la vida del protagonista, pero otros como la muerte, los amigos, la traición... están muy presentes y unificados en el personaje de Casaldáliga. Todo ello acompañado de un fondo "musical", pues la música está muy presente en toda la novela, como sucederá tres años después en otra novela de Marías, "El hombre sentimental".
Casaldáliga plantea con su narración preguntas
unas veces abstractas y otras concretas al lector, haciéndole pensar sobre su propio destino en capítulos en los que se alternan dos técnicas de narración: la primera y tercer persona.
El libro consta de nueve capítulos con títulos tan representativos como "La voz", "La historia", "el testamento", "la enfermedad", "Lisboa", que, si bien no siguen el orden estrictamente cronológico de la vida del protagonista, poseen una simetría perfecta entre sí. El último capítulo es una vuelta al primero, donde el protagonista vuelve a narrarnos el presente, mientras mira el lago frente al cual está sentado y nos carga de pensamientos, psicología, dudas y preguntas.
En resumen, una obra magnífica, con una narración pausada y absorvente. Una de las pocas muestras, hoy en día, de que siguen existiendo esos libros que, cuando se está llegando a las últimas páginas, se intenta ralentizar el ritmo de lectura para que dure el máximo posible.
|