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Igual que en una planicie destacan los picos más leves, bajo la aparente apatía del protagonista se esconde un desgarro, un grito. Nada inmuta a Holden. Simula ser un trozo de hielo en un mundo que se le presenta hostil y donde el paraiso de la infancia es pasado. Disfraza de indiferencia y snobismo su enorme miedo, y entonces su lenguaje frío se nos antoja amargo, y poco a poco ya no nos engaña, y entonces sabemos que en ese lenguaje podemos leer otras cosas.
Podría parecer que es una obra llena de pesimismo, pero para mí no lo es, más bien es todo lo contrario. Es la narración de una catarsis, de un despertar necesario, urgente. Y está lleno de esperanza, porque se adivina el comienzo de una búsqueda, una búsqueda que será la correcta porque quien la realiza ambiciona las cosas correctas.
Este libro es para mí una obra maestra. El modo sutil con el que el autor nos dice las cosas, como si no dijera apenas nada, es digno de un gran talento.
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