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Estrayendo la sílaba del cemento
No siempre el tiempo y las distancias del verbo son tan devastadoras como para frecuentar eternamente cafeterías recitando lo que llevas en tu interior y a de salir sin excusas.
No siempre el poeta muere con la anterioridad que lo define, si no que gracias a la "buena fé" de unos cuantos se hace ahínco en él, y pasa, modestamente, a formar parte, por los menos, de la base de datos del ISBN. Otras veces este primer libro supone la posibilidad de un siguiente. Por lo menos el primer escalón está construido, pero el siguiente, más arduo si cabe, está entre las brumas de una neblina que intenta o bien tirar de él o bien devolverlo al mundo del Anonimato, o a dónde van las muchas obras que no son dignas -en esencia- a los ojos de los lectores.
De una forma u otra, hoy por hoy, uno de los libros que podemos encontrar en las librerías es Estrato de sílaba, del poeta valenciano, Eddie J. Bermúdez.
La distancia quizás nos devolverá una imagen distorsionada de lo que ocurre o ha ocurrido con este poeta. Aunque sea, eso sí, el primer libro editado en una editorial, no desquita las siete piezas anteriores que por no querer morir o dejarse a las manos de los rincones, de esos donde habita el citado Anonimato, decidieron, modestamente, autoeditarse en tiradas de 400 ejemplares, y que se distribuían por cafeterías nocturnas, casas okupas, facultades y alguna que otra librería. Son entre otros El grito de al lado, Dentre vertidos de extoversión, Ciudadembarguebrio y Cantar de muerte.
En la poesía de Eddie encontramos las dentelladas de ese intento por manchar de color el silencio, de que ese silencio que a veces se traduce en anonimato, página en blanco, sea devastado por la mano creadora del que observa su rincón, y dé cuanta desde su existencia prematura antes de ser verso, hasta que deviene en poesía.
Es por esto que si existe algún miedo -que se le puede atribuir a la poesía que pasa por las páginas de Estrato de sílaba- es a levantarse un día cualquiera y no tener nada que decir, que la pluma se haya secado al calor de las palabras y empiece a pertenecer a las huestes de las sombras ("si alguna vez mi mano temblase / ante la pluma / no la dejes agonizar/ ¡acállala!")
Quizás en un poeta tan joven parezca prematura esta falta de no saber qué decir, pero si indagamos más adentro de cada poema, descubrimos un ojo de buey entre verso y verso, entrelíneas, fuera de los márgenes o acercándose para escapar, esto es, la preocupación porque la palabra prevalezca. Esta sería la más sincera y humilde desazón del artista, la de ver como el verso se mancha de acritudes del mundo real, y que se deje o aleje cada vez más del sentido mismo y único de la poesía, el de SIGNIFICAR. Es por esto que los temas predominantes como verso, palabra, creación, y silencio salpican, conforme el libro se va hilvanando, cada una de las páginas de éste.
También se cuestiona hasta la humilde decisión de si merece o no hablar de la palabra y del verso desde su posición, como ya digo humilde del mundo ("es hora de ser pasto / y negar las redes del cielo / para herir el silencio de palabra")
En definitiva todo se transcribe en querer ser, querer significar, y él sabe que lo que le da la escritura es más que el pan, más que el éter, es la necesidad de verse reflejado en su ardua lucha para con la palabra y todo lo que la rodea, es por esto que será la poesía la que hará que Eddie J.Bermúdez "sea", exista dentro y fuera del libro, y seamos ahora nosotros, partícipes de esa existencia creativa ("hazme Nombre / hazme Sangre, para beber / no ser agua")
Y gracias a la "buena fé" del jurado del premio Sargantas (con nombres de poetas consagrados como Marc Granell y Antonio Méndez Rubio) y a la editorial Rialla hoy por hoy, podamos pasar nuestras miradas por las páginas de este Estrato de sílaba, y llegar, sin demora, a los tres últimos poemas para seguir siendo alguienes o algos, pero si hay que ser, por lo menos seamóslo bien, que ya se encarga el poeta de ser grito, sin serlo a medias.
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