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Pasado en claro, es un extenso poema en donde Octavio Paz establece contacto con su ayer. Se ve a si mismo en el lugar donde creció, en la casa donde vivió su niñez y su adolescencia.
Octavio Paz intenta convertir todos sus pensamientos y sentimientos en palabras. Es necesario para él ver con letras, con sílabas, con palabras al mundo: "deletrearlo", como él mismo lo dijo.
Con este mismo pensamiento, desde su niñez ha intentado descifrar el nombre de dios. Para él, dios es algo inacabado: "Adán de lodo: no un muñeco de barro, una metáfora".
Dentro de estos recuerdos, Paz rememora su sitio preferido, debajo (dentro quizá) de la higuera, lugar de sus juegos de batalla y reflexiones. Aquí es donde también tuvo sus primeras interrogaciones acerca de dios. Pero pronto descubre que dios, no se encuentra en el cielo y lo llama entonces: "cielo deshabitado".
Para Octavio Paz lo que no tiene nombre no existe. Por esto, dios es para él, un dios inexistente, al cual intenta ponerle un nombre pero no lo consigue, a dios se le nombra solamente con los "nombres vacíos con los nombres del vacío".
Los nombres son útiles para todo lo demás, para la higuera, los fresnos, la casa, la tía, la mamá, el patio, el pozo, la niñez, las nubes, las palabras, la metáfora, menos para nombrar lo innombrable, quiso buscar algo con qué llamarlo, para convertirlo en tangible, en algo material, cognoscible. Busca al revés y al derecho en el lenguaje, descubre entonces que los nombres se han quebrantado, se han dispersado? han sido deshonrados.
Descubre así que el dios no es otra cosa que el tiempo en el que las cosas pasan, o más bien, el tiempo pasa por las cosas (por el hombre, por él mismo).
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