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Los cuatro textos del cual se compone la obra muestra un Egipto místico. Alejandría y El Cairo sufren la deliciosa embestida de aromas fuertes: el escozor del polvo del desierto, el jazmín, la fritanga de los vendedores ambulantes y el olor a humanidad.
Los colores del ambiente son cálidos pero intensos, como si se tratara de la pintura al pastel, y los sonidos son embrujantes como el cántico agudo del muecín y las olas del lago Mareotis.
Allí Durrell aprovecha también para investigar el conflicto del amor, de nativos y extranjeros, y concluye que es solo pasiòn y dolor. Pero también hay una mezcla fuerte de nostalgia y melancolía, porque la cuestión ontológica del tiempo apasiona al autor. La investigación del amor moderno de este insigne autor descubre una nueva dimensión en el pensamiento inmortal del Marqués de Sade.
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